Para gustos los colores

Para gustos los colores

¿PUEDE EL COLOR DE UN ALIMENTO CAMBIAR SU SABOR?

La respuesta es si. Aunque muchos de nosotros nos creamos personas difíciles de engañar, lo cierto es que nuestro sentido del gusto a menudo se deja confundir por nuestro sentido de la vista. Utilizamos señales visuales de color para juzgar la calidad y el sabor de lo que comemos y un color diferente puede llevarnos a percibir un sabor diferente.

¿Y POR QUÉ SABOREAMOS CON LOS OJOS?

El origen de esta relación sinestésica se remonta a nuestra etapa de aprendizaje primitivo. Durante nuestra infancia aprendemos los colores relacionándolos con alimentos. Esto hace que a muy temprana edad nuestros sesgos sensoriales se impriman haciendo asociaciones constantes entre color y sabor. Por ejemplo; el color naranja o amarillo lo identificamos con un sabor cítrico propio de la naranja o el limón, mientras que el color rojo lo asociamos con alimentos con un potente sabor dulzón como la fresa o la cereza. Y es que nuestra percepción del sabor es la suma de la información proporcionada por las diferentes categorías sensoriales: el olfato, el gusto, el oído, la vista, el tacto, la temperatura… Y en ese análisis sensorial integrado tiene un gran protagonismo el color. De hecho el color de los alimentos y las bebidas tiene tal impacto en nuestra percepción, que puede influir significativamente en el gusto haciendo que una misma comida nos parezca más o menos sabrosa e incluso nos siente mal si el aspecto nos hace sospechar que está en mal estado.

Color

DISTINTOS COLORES, DISTINTO SABOR

Para ejemplificar la potente correlación entre nuestro gusto y nuestra vista, os traemos un divertido experimento sensorial con el que la cadena de supermercados francesa Intermarché nos hace reflexionar sobre el efecto de los colorantes en el sabor de nuestros alimentos. Este test pone a prueba las papilas gustativas de diferentes personas concluyendo con un rotundo, si, el color importa.

Primera fase del experimento: el yogur

El primer objeto del estudio es un yogur de vainilla. Los participantes del experimento deben probar tres tarros diferentes del mismo yogur en tres colores: naranja, rosa y morado. Para el yogur de color rosado los sujetos proponen sabores como la fresa, la cereza o la frambuesa. Para el anaranjado, melocotón o albaricoque y para el morado, arándanos. Pero cuando se destapan las campanas ¡sorpresa! todos son del mismo sabor.

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Segunda fase del experimento: el polo

La segunda fase del experimento da a probar 4 tipos de polos: rojo, naranja, verde y azul. Una vez más, todos son del mismo sabor, limón. Sin embargo los sujetos del estudio vuelven a asociar sabores con colores y hasta más de uno cree detectar más frescura en un polo frente a otro. Al descubrir el ingrediente común la reacción es generalizada, incredulidad ¿Cómo puede engañarnos nuestro propio paladar?

Si queréis ver este curioso experimento al completo dadle al play, y ya sabéis; elegid alimentos naturales. ¡Que no os den vainilla por fresa!

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